Todas las civilizaciones han estudiado, desde que el ser humano tiene conciencia de sí mismo, al
Sol, la
Luna y las estrellas y demás astros del cielo nocturno. Pronto se dieron cuenta de diversos ciclos, como las fases de la Luna o las estaciones, que influyen directamente en nuestras vidas. Más tarde, comenzaron a agrupar las estrellas nocturnas y se dieron cuenta de que algunas de ellas, unas pocas, no estaban fijas en el cielo, como las otras, sino que se movían a través de las otras siguiendo rutas fijas y periódicas. Diversos monumentos megalíticos y diversos edificios antiguos permitían seguir acontecimientos importantes, como los solsticios. Las primeras civilizaciones atribuyeron el comportamiento de esos objetos celestes a seres sobrenaturales, los dioses. La primera civilización que intenta dar una interpretación más científica, más alejada de la religión, fue la griega, cuyos principales exponentes en materia astronómica y de estudio del
Sistema Solar fueron, entre otros,
Aristóteles,
Aristarco,
Eratóstenes,
Hiparco y
Ptolomeo.